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sábado, diciembre 12, 2009

Las disculpas de Alan García

¿Alan García pedirá disculpas por las víctimas de El Frontón, Cayara y Bagua?

El presidente Alan García pidió disculpas esta semana a la comunidad afroperuana en nombre del Estado peruano, debido a los atropellos cometidos durante la Colonia y buena parte de nuestra vida republicana por las autoridades que tuvieron a su cargo el poder en nuestro país. Se trata de un mea culpa que, hasta donde recuerdo, tiene como antecedentes otras disculpas del mismo García, aquella vez dirigida a toda la nación, por la debacle social, política y económica a la que nos condujo su primer gobierno.

Las disculpas ofrecidas por Alan García se dieron en el marco de un acto simbólico de desagravio a favor de un sector de la población que históricamente soportó -y aún soporta qué duda cabe- maltratos y vejámenes que, a veces, lamentablemente, se invisibilizan bajo el manto de la cotidianeidad. El día a día suele adormecer la reflexión al punto que tendemos a naturalizar lo habitual y a perder una saludable indignación ante, por ejemplo, la injusticia, la desigualdad o la discriminación.

Si bien se trató de un gesto político muy importante, es necesario que se dé un paso más allá para superar lo simplemente anecdótico o ceremonial, pues este acto debe constituirse en un precedente para que, en un futuro cercano, este o el próximo gobierno ofrezca disculpas públicas a los deudos de las víctimas del conflicto armado interno sin distinción de ningún tipo. Estas disculpas estarían plenamente justificadas en el caso de Alan García porque aún tiene pendiente una deuda moral frente a los deudos de las víctimas de la masacre de El Frontón, Cayara y Bagua por mencionar solo algunos casos. Y digo deuda moral porque la deuda política la puede controlar mejor, mientras detente el poder; y la judicial requiere atravesar un largo camino para iniciarse.

Cuando el Estado recurrió al terror para combatir el terrorismo, perdió la supremacía moral que lo colocaba por encima de los agresores que deseaban destruir nuestra precaria, pero todavía en formación sociedad democrática. Las víctimas producto de la violencia armada no solo fueron las huestes del MRTA o de Sendero Luminoso, sino también la población civil y los miembros de las Fuerzas Armadas, quienes en un inicio combatieron en desigualdad de condiciones contra un enemigo desconocido, acatando el mandato del Ejecutivo. En la medida que lucharon en desventaja por el abandono al que el Estado los expuso (aislamiento prolongado, falta de recursos logísticos, etc.) y que los poderes de este mismo Estado claudicaron a favor del poder militar sin ningún tipo de supervisión de las instituciones democráticas, se dio lugar a la barbarie de la cual recientemente estamos tomando conciencia. La sociedad democrática no puede volver a claudicar de esta manera ante el poder militar mucho menos cuando las Fuerzas Armadas se encuentren consternadas o en perpetua zozobra por los constantes ataques del narcoterrorismo y las consecuentes bajas que, a nivel mediático, causan tanto o más impacto en la imagen de las instituciones militares. En consecuencia, el Estado que conminó a las Fuerzas Armadas a combatir en tales circunstancias adversas y que cedió el control absoluto al poder militar en perjuicio de la institucionalidad democrática es corresponsable de la violencia generadas en aquellas zonas de emergencia y, por ende, de las miles de víctimas tanto civiles como militares.

Respecto a Bagua las justificaciones sobran. La desacertada operación de desalojo de los manifestantes que bloquearon la carretera aunada a la incompetencia de Mercedes Cabanillas como ministra del Interior y a los exabruptos de Alan García quien puso jerarquías a la ciudadanía de los pobladores de aquella zona no hicieron más que agravar la situación. Estos acontecimientos ocurridos durante su primer y segundo mandato justifican sobremanera una disculpa de Alan García. Y nótese que no se trata de una disculpa ofrecida solo a los deudos de terroristas o de la población civil, sino, además, al personal militar. Por ello, recalco que no debe existir ningún tipo de distinción cuando, en su momento, se ofrezcan estas disculpas oficiales.

Posiblemente, transcurran algunos años antes que esto ocurra o tal vez ni siquiera suceda, pero si dentro del APRA existe alguna mente lúcida y autónoma del oficialismo alanista, tendrán la tarea de asumir en el silencio los errores de su líder o procurar enmendar, al menos moralmente, esos descalabros.

miércoles, septiembre 16, 2009

Vargas Llosa, el Museo de la Memoria y el Baguazo

El Baguazo ¿Qué pasó con Mario?

Cuando Mario Vargas Llosa publicó el artículo en el que fustigaba la postura de Ántero Florez-Araoz, entonces ministro de Defensa y opositor a la implementación del museo de la memoria, todos aquellos que estábamos convencidos de que la decisión del gobierno que rechazó la donación alemana para esta obra fue una rotunda equivocación, nos sentimos plenamente respaldados y satisfechos de que un intelectual de la talla de Vargas Llosa interviniera directamente y sin ambages, como siempre ha sido su estilo, y dejara sentada su posición al respecto: nada más absurdo que sostener que los museos son gastos insulsos. Dicho artículo remeció al gobierno y lo obligó a reformular su postura y proseguir con la implementación del museo de la memoria. De nada valieron las bravatas de Giampietri y Florez-Aráoz, ya que el propio Alan García los dejó sin piso cuando anunció la formación de una comisión ad hoc cuya presidencia recaería en nuestro connotado escritor.

Sin embargo, a pesar de que aquel suceso representó una victoria para quienes abogamos por la recuperación de la memoria y no por el olvido sin justicia, las opiniones vertidas por Vargas Llosa acerca de lo ocurrido en Bagua me dejan una amarga desazón. Y es que si en aquel momento celebré que un intelectual liberal como él dejara de lado sus convicciones ideológicas y antepusiera los principios éticos para valorar la importancia del museo de la memoria, ahora, simplemente, no entiendo cómo ese mismo hombre que con tanta lucidez dejó en claro la necesidad de exponer la verdad de una parte tan dolorosa de nuestra historia reciente pudo ignorar la responsabilidad del actual gobierno en la masacre de Bagua.

El artículo de Vargas Llosa sobre el Baguazo confirma mi hipótesis acerca de su pensamiento político: se trata de un intelectual liberal muy singular que políticamente está en las antípodas del conservadurismo de derechas, del neoliberalismo economicista que justifica las dictaduras y del socialismo a la antigua; de tal manera que muchos liberales no saben si tienen en él a un aliado o a un enemigo. No obstante, ese liberalismo político que defiende las libertades individuales y que propugna el equilibrio entre estas y las libertades económicas se transforma en conservadurismo cuando Vargas Llosa desarrolla su noción de cultura. Efectivamente, cada vez que ha opinado sobre los valores culturales de las sociedades por él llamadas primitivas, arcaicas o bárbaras, lo ha hecho en términos de jerarquías, es decir, comparándolas con las sociedades modernas tecnológicamente avanzadas del primer mundo que tienen como sistema de gobierno la democracia liberal y como sistema económico, la economía de mercado. En su opinión, si una cultura no ha alcanzado un notable desarrollo en la actualidad es porque tampoco ha desarrollado una noción de libertad tal como existe en Occidente.

Al respecto, su interpretación de los sucesos de Bagua lo lleva a afirmar que a pesar de que el gobierno se hubiera esforzado por informar a las comunidades selváticas acerca del contenido de las leyes que fueron motivo de protesta, el resultado habría sido el mismo. Es decir, Vargas Llosa niega la posibilidad de que los pobladores que se verían afectados por esos decretos pudieran entender a cabalidad lo que tales leyes estipulaban. Pero lo más grave está en su valoración de las responsabilidades por la masacre. Vargas Llosa sostiene que se trata de una conspiración del gobierno de Hugo Chávez quien desea desestabilizar la democracia en América Latina, ampliando su radio de influencia a nuestro país, ya que su patrocinado Ollanta Humala no pudo llegar al poder. En este sentido, no hace más que darle la razón al presidente García y a todos aquellos que analizan la masacre de Bagua solo en términos de infiltración senderista o de conspiraciones comunistas o chavistas. La posibilidad de que exista un plan concebido desde Caracas para desestabilizar al Perú no es descabellada, pero sí lo es creer que toda aquella población estaba adoctrinada y de que se trató de milicias disciplinadas ideológicamente con el objetivo de tumbarse la democracia. Hoy nos queda más claro de que se fue la imprudencia de algunos líderes nativos, la incompetencia de la ministra de Interior y de los oficiales a cargo de la operación y la negligencia de un gobierno que es incapaz de defender la integridad de sus fuerzas policiales a quienes expone a la muerte para valerse de ella una vez que les sirve para exaltar un patrioterismo de lo más ruin.

Por todo ello, no me explico cómo es que Vargas Llosa, quien años atrás escribiera "Una montaña de cadáveres", carta abierta dirigida a Alan García a propósito de la matanza de El Frontón, hoy en día no exhiba la misma indignación para señalar los desaciertos que mostró este gobierno para enfrentar el Baguazo.

A nivel internacional, tuvo mucha resonancia su visita a Caracas con motivo de un encuentro internacional de intelectuales liberales. La posibilidad de un debate frente a Hugo Chávez captó la atención de la prensa internacional. Visitar Venezuela en aquellas circunstancias fue un acto de integridad y valentía, puesto que sabía que su estancia no iba a ser nada fácil (tanto él como su hijo Álvaro Vargas Llosa fueron detenidos un par de horas en el aeropuerto), pero también hubiera deseado que protestara con la misma vehemencia cuando en el Perú la gran mayoría de medios de comunicación por voluntad propia se rinden ante el gobierno y le allanan el camino cuando surge algún suceso adverso como el rebrote del terrorismo en el VRAE. Lo que hace Chávez en Venezuela es totalmente censurable, pero existen otras formas muy sutiles de veto en los medios de comunicación y el más peligroso es la autocensura y ello es lo que viene sucediendo en nuestro país: a diferencia de lo que sucedió durante el Fujimorato, ahora los medios no los compran, sino que ellos mismos se venden.

¿Empeñará Vargas Llosa sus convicciones ahora que preside la comisión del museo de la memoria? ¿Claudicará sus críticas al gobierno en aras del compromiso adquirido? Pequeño gran dilema. Así como en el slogan de la películoa Alien vs Depredador, "sea cual fuera el resultado, siempre perderemos un poco" si es que Vargas Llosa abandona este proyecto o si silencia sus discrepancias para seguir adelante con él.

jueves, junio 11, 2009

Bagua: todos somos víctimas

Arturo Caballero

A casi una semana de la masacre ocurrida en Bagua, la opinión pública recién va comprendiendo la dimensión de esta tragedia. Y es que en nuestro país tiene que morir mucha gente y de manera absurda y cruel para que nos sintamos condolidos, al menos en parte, por el sufrimiento ajeno. No basta que un puente intransitable se derrumbe al paso de un grupo de escolares, que un bus de transporte interprovincial se incendie y mueran calcinados todos los pasajeros, que semanalmente contemplemos atónitos que muchas personas mueren absurdamente en accidentes de tránsito y que las autopistas se tiñan de sangre, de todas las sangres, sino que tenemos que contemplar cuerpos mutilados, torturados y otros tantos regados en el pavimento como si se tratara de animales. El sufrimiento de los deudos no distingue lengua, etnia o clase social: así lo atestiguan el drama de las madres de los nativos muertos durante la refriega en Bagua y de los familiares de los policías asesinados. Todo ello ante la incompetencia de este gobierno cuya clase política, como en muchas otras oportunidades y tal vez peor que nunca, no está a la altura de su investidura. Sobre todo el Presidente de la República, Alan García.

Y es que todos somos víctimas en esta tragedia. Los pobladores de la Amazonía lo fueron de la incompetencia y el abuso de este gobierno respecto al manejo de los conflictos sociales. "Nativos, indígenas, chunchos, salvajes..." así los llamamos desde la metrópoli limeña, tan cultivada, aséptica y civilizada cuando se trata de valorar todo aquello que se encuentra fuera de sus límites. Tuvieron que pasar más de cincuenta días para que los reclamos de la población amazónica, directamente involucrada e ignorada por los decretos legislativos promulgados por el Congreso, recibieran la atención de los medios de comunicación, la opinión pública y el Ejecutivo. Tuvieron que morir salvajemente asesinados más de 20 policías y aún un número indeterminado de manifestantes para que el país prestara atención a lo que acontecía en aquel rincón olvidado donde habitan, según el presidente García, ciudadanos que no son de primera clase. Tanto el Congreso como el Ejecutivo dilataron irresponsablemente la solución de un conflicto anunciado. Importó más para ellos asegurar la imposición de una ley, a todas luces, incompatible con el derecho internacional que salvaguarda la propiedad de las comunidades nativas respecto a las tierras que ocupan. Fue más importante para Alan García y sus ministros derribar cualquier tipo de resistencia social ante una medida que no fue explicada satisfactoriamente a los pobladores directamente afectados, ello bajo una malentendida concepción del principio de autoridad.

Por otra parte, la policía fue víctima de la improvisación de sus mandos superiores (sobre todo políticos) quienes los expusieron al igual que en Pómac y en Vizcatán sin ningún tipo de resguardo. Y son víctimas cotidianas del desprecio de sus superiores, es decir, de los mandos políticos que recurren a ellos para que resuelvan por la fuerza aquello que son incapaces de resolver por la razón. Desprecio que se manifiesta también en la remuneración vergonzosa que recibe un policía quien tiene que ofrecerse como vigilante de establecimientos particulares para procurarse un ingreso digno o costear el gasto de un nuevo uniforme para lucir presentable durante las cumbres internacionales o en el hecho de que quienes se llenan la boca afirmando que defienden a la policía brillen por su ausencia durante los sepelios de los policías asesinados. A Mercedes Cabanillas, Mercedes Aráoz, Rosario Fernández, Antero Florez y Alan García (no menciono a Yeude Simon porque, simplemente, no existe) - al oficialismo aprofujimontesinista de derecha en general- la muerte de los policías es tan o más rentable que dialogar y prever la violencia: ¿qué hicieron para detener la masacre de los policías una vez enterados de que estaban secuestrados?

¿Y quiénes son los victimarios? La indiferencia de un enorme sector de la sociedad que mira hacia otro lado cuando la violencia no toca a su puerta, al igual que durante el terrorismo. Luego de Tarata, el terrorismo dejó de ser un problema que amenazaba a la pobre gente de la sierra o a los estudiantes de universidades públicas para convertirse en un problema que requería de una respuesta inmediata y ejemplar. Y ahí tuvimos, pues, La Cantuta. Ni el Informe Final de la CVR ni Putis ni Los Cabitos ni Huancasancos ni Accomarca ni Barrios Altos ni 20 años de violencia terrorista del Sendero Luminoso y del MRTA y del Estado han logrado sensibilizar a la mayor parte de la opinión pública sobre lo que significa ser testigo indolente del dolor ajeno. ¿Si todo ello no fue suficiente, qué lo será realmente? ¿El descubrimiento de fosas comunes en Bagua o de cadáveres calcinados o envueltos en sacos y arrojados de los helicópteros?

Del mismo modo actuaron -y lo vienen haciendo aún- los medios alineados con el gobierno que de manera cómplice y vergonzante ignoraron, ocultaron y minimizaron durante más de un mes lo que sucedía en la selva. Fabrican realidades y maquillan el horror de esta desgracia o la exhiben descarnadamente no con ánimo de denuncia sino de un regodeo comercial e infame. Sabemos más acerca de Bagua por intermedio de agencias internacionales que por nuestras propias fuentes. Expreso, La Razón y Correo seguirán exigiendo que se aplaque por la fuerza las manifestaciones en el interior del país argumentando que lo contrario, es decir negociar, dialogar o rectificar sería una muestra de debilidad. Y a nuestro presidente le fascina demostrar que él es quien manda. Quedó muy claro en la matanza de El Frontón y en la guerra sucia contra Vargas Llosa en el 90. Ivcher precavido como el que menos, olvidó muy pronto que el fujimorismo lo persiguió y lo despojó de su canal; ahora no duda en blindarse con Lúcar (el que acusó a Paniagua de recibir dinero de Montesinos), Aldo Mariátegui (quien considera que capacidad intelectual se corresponde con el manejo de una lengua), Jaime Bayly (el que indultaría a Fujimori) y Mónica Delta (la periodista que nunca opinó y que se tragó el sapo de su jefe Schütz), todos ellos sicarios mediáticos dispuestos a lavar los trapos sucios de este régimen.


Los etnooportunistas y nacionalistas también aportaron su cuota de violencia. Actuaron irresponsablemente y quieren sacar provecho ahora. Azuzaron a los pobladores y encendieron los ánimos. Lejos de explicar los alcances y las limitaciones de los decretos, se prestaron al juego fácil de la revolución. Vieron en Pizango a un potencial Evo Morales, seguramente, o tal vez Pizango se vio a sí mismo en el espejo del presidente boliviano. Fueron los tontos útiles que sirven de coartada a la triple alianza aprofujiderechista que los necesita para convencer al país de que existe algo peor que García, Keiko y Lourdes juntos.

Sin embargo, el gran victimario es Alan García. La patada al orate fue el gran anticipo de lo que tenía preparado ante cualquier obstáculo, grande o pequeño, que le saltara al frente. Después de calificar de comechados y sinvergüenzas a los maestros, en "el perro del hortelano" nos advirtió lo que pretendía hacer con los recursos naturales: por la razón o por la fuerza había que ponerlos en valor y todo aquel que apelara a la conservación del medio ambiente u objetara la llegada de la modernidad a aquellas localidades, alegando que podría dañar la integridad de las comunidades, era un retrógrado. Luego exhortó a los empresarios a que inviertan sin temor porque un presidente podía impedir que llegue al poder alguien que no es de su agrado (lo cual ya había sido demostrado). Hoy, sin ningún empacho, dice que los pobladores de la selva no son ciudadanos de primera clase que puedan decidir qué hacer con las tierras que poseen.

Durante el "Arequipazo", el APRA apoyó abiertamente la protesta contra la privatización de EGASA y EGESUR y promovió la vacancia presidencial de Alejandro Toledo. Al final, obtuvieron la cabeza de Fernando Rospligiosi. Ahora, ni siquiera contemplan la posibilidad de defenestrar a Mercedes Cabanillas (no todos en el gabinete tienen la decencia de la ex ministra de la Mujer). Como siempre, los compañeros preferirán tragarse los sapos que les manda su líder -Mantilla sabe mucho de esto- en lugar de discrepar abiertamente.

A García y el aprofujiderechismo esta masacre les va explotar en la cara el 2011. Si el Perú se suma a la órbita chavista, se lo deberemos a ellos.


Para entender un poco más los sucesos del Baguazo
Testimonio de sobrevivientes
“El informe de inteligencia que me dan a mí no es muy detallado” - Entrevista a Mercedes Cabanillas