
FELICITACIONES, JAIME, TE ACABAS DE UNIR A LA "RESERVA MORAL" DEL FUJIMORISMO
Lamentable, vergonzosa e indignante fue la entrevista que Jaime Bayly realizó a Keiko Fujimori el pasado domingo en la víspera de la sentencia a su padre. En varias oportunidades, Bayly ha enfilado sus críticas contra el régimen de Hugo Chávez y Fidel Castro a quienes califica como dictadores. Aparentemente, Bayly es un demócrata que se rasga las vestiduras ante cualquier amenaza totalitaria venga de donde venga, pero este domingo comprobamos que, políticamente, no es más que un provocador oportunista que no tiene reparos en brindar su apoyo al fujimorismo y de congraciarse con la futura candidata de este movimiento en aras de mayor sintonía, a pesar de todas las implicancias que este hecho acarrea.
Tal vez, viniendo de él no debería sorprendernos porque durante la última campaña presidencial aprovechó la sintonía de su programa dominical para agraviar a los seguidores de Ollanta Humala a los que calificó como retardados mentales, ya que, a su modo de ver, vivían en alturas donde el enrarecimiento del aire afectaba su raciocinio. Estas declaraciones en países como España, Inglaterra o, aunque parezca increíble, en Estados Unidos habrían generado una corriente de opinión adversa tan fuerte que no solo se habría cancelado su programa, sino que el canal hubiera tenido que ofrecer las disculpas del caso a la teleaudiencia aparte de las querellas legales que el conductor enfrentaría, al menos en el fuero civil. Ello no ocurre en el Perú porque las instituciones de la sociedad civil no ejercen una influencia decisiva en la población y ello, a su vez, porque dicha población siempre mira hacia otro lado cuando los problemas no le tocan directamente; en pocas palabras, vivimos en una sociedad muy poco o casi nada solidaria con los desposeídos. Todo esto explica por qué las declaraciones racistas de Jaime Bayly, del padre de Lourdes Flores o de Ántero Flórez-Araoz no despiertan mayor indignación en la opinión pública y también explican cómo, a pesar del autogolpe del 5 de abril, La Cantuta, Barrios Altos, felicitación e indulto al Grupo Colina, indemnización millonaria Montesinos y renuncia vía fax existen personas que consideran a Fujimori el mejor presidente de la historia del Perú.
Ahora, el autor de No se lo digas a nadie no duda en brindar públicamente su apoyo a un posible indulto a Fujimori sin tomar en cuenta todo el esfuerzo desplegado por la parte civil, los familiares de las víctimas, el Ministerio Público y la procuraduría anticorrupción en extraditar y llevar a juicio a un ex presidente acusado de violación de derechos humanos entre otros cargos. Tal actitud solo demuestra la pobreza moral de un individuo para quien Alberto Fujimori, en el balance, fue un buen presidente porque arregló la economía, realizó obras y fue el artífice de la derrota del terrorismo. Estas afirmaciones bien las podría sustentar el abogado defensor de un padre de familia acusado de asesinar a su esposa o violar a su hija: trabajador, responsable, brindó una buena educación a sus hijos, cubrió todas las necesidades materiales de su familia, en suma, un padre ejemplar que, en un momento de debilidad, cometió un exceso que no debería hacernos olvidar todo aquello que obtuvo por y para su familia ¿Qué haríamos al saber que la esposa, a sabiendas del abuso del cual era víctima su hija, no hizo algo por remediarlo? ¿Qué deberíamos pensar de ella si tenemos la evidencia de frecuentes abusos a lo largo de los años? ¿Necesitaríamos que alguien nos compruebe de hecho que no tiene culpa alguna? ¿Y qué si la esposa se rinde en elogios públicos ante su marido destacando su entrega por la causa familiar? Estoy seguro que la gran mayoría cerraríamos filas a favor de una pena severa tanto para el autor como para el cómplice y que solo una mente perversa o absolutamente pragmática intentaría ensayar alguna defensa de lo indefendible. No obstante, a Jaime Bayly —y a Ximena Ruiz Rosas, hay que decirlo— no les importa los sacrificios ni el sufrimiento de los familiares de las víctimas de Barrios Altos ni de La Cantuta: a Bayly, en particular, solo le interesa el escándalo inútil y, a fin de cuentas, obtener sintonía a toda costa.
Bayly no es un demócrata ni tampoco es un liberal íntegro ni consecuente. Si lo fuera, criticaría, como lo dijo, a cualquier gobernante que usurpara el poder y atropellara el Estado de Derecho sin importar cuan efectivas hayan resultado las medidas económicas porque ser consecuente se trata de una cuestión de principios, no de fines ni de metas ni de cifras. Y de ninguna manera podría aceptarse como atenuante que la línea de su programa no es seria, que quienes lo ven no lo toman en serio, que sus opiniones son intrascendentes o que no se le puede pedir más a un entrevistador que carece de pretensiones de analista político. Aceptar esto significaría considerar que lo vertido en cualquier medio de comunicación no genera efectos inmediatos en la audiencia sobre todo cuando esta es elevada.
A aquellos que recibimos con beneplácito la sentencia contra Fujimori nos consuela que Bayly haya fracasado en todas las campañas políticas que emprendió: a favor del FREDEMO en 1990, el voto en blanco en 2001, los ataques a Humala y su adhesión a Lourdes Flores en 2006, lo cual demuestra que su apoyo, no siempre solicitado, más que sumar, resta. Además, en lo particular, estoy convencido de que al primer signo de agitación social, Bayly no dudaría en abordar el primer avión a Miami o Madrid.
Desde esta tribuna, solo espero que, en el futuro, Bayly sea menos errático y que se defina claramente porque el doble filo en la política es signo de inmoralidad y oportunismo, del más burdo y cobarde oportunismo.
Bayly no es un demócrata ni tampoco es un liberal íntegro ni consecuente. Si lo fuera, criticaría, como lo dijo, a cualquier gobernante que usurpara el poder y atropellara el Estado de Derecho sin importar cuan efectivas hayan resultado las medidas económicas porque ser consecuente se trata de una cuestión de principios, no de fines ni de metas ni de cifras. Y de ninguna manera podría aceptarse como atenuante que la línea de su programa no es seria, que quienes lo ven no lo toman en serio, que sus opiniones son intrascendentes o que no se le puede pedir más a un entrevistador que carece de pretensiones de analista político. Aceptar esto significaría considerar que lo vertido en cualquier medio de comunicación no genera efectos inmediatos en la audiencia sobre todo cuando esta es elevada.
A aquellos que recibimos con beneplácito la sentencia contra Fujimori nos consuela que Bayly haya fracasado en todas las campañas políticas que emprendió: a favor del FREDEMO en 1990, el voto en blanco en 2001, los ataques a Humala y su adhesión a Lourdes Flores en 2006, lo cual demuestra que su apoyo, no siempre solicitado, más que sumar, resta. Además, en lo particular, estoy convencido de que al primer signo de agitación social, Bayly no dudaría en abordar el primer avión a Miami o Madrid.
Desde esta tribuna, solo espero que, en el futuro, Bayly sea menos errático y que se defina claramente porque el doble filo en la política es signo de inmoralidad y oportunismo, del más burdo y cobarde oportunismo.
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