miércoles, diciembre 08, 2010

Empresarios, emprendedores y políticos







Durante las campañas electorales, se configuran diversos perfiles de candidato presidencial. La tendencia hacia la construcción de una determinada imagen genera una corriente de arrastre tal que, cuando logra imponerse, se convierte en un referente de larga duración. En el 80 el electorado restituyó a Belaúnde en la presidencia, pues lo prestigioso era ser un demócrata; en el 85 se apostó por la vitalidad de un joven y apasionado Alan García; en el 90, se eligió a un candidato apolítico o antipolítico en contraste a lo que representaban los partidos y políticos tradicionales. La presente campaña viene delimitando un tipo especial de candidato-empresario-emprendedor motivado por participar en política y cuya carta de presentación suele ser el éxito obtenido a través de su liderazgo empresarial. Luis Castañeda Lossio, César Acuña y Hernando Guerra García reúnen las condiciones de lo que parece ser el perfil del nuevo político que podría cautivar a un electorado cada vez más inconforme e inestable, pero, a la vez, seguro de que el sucesor de Alan García tiene la responsabilidad de hacer realidad el "milagro peruano".

Sin embargo, este perfil de candidato no es reciente. Es posible rastrearlo desde la incursión de Alberto Fujimori en 1990. Bajo el slogan de "Honradez, Tecnología y Trabajo", logró transmitir e instalar en el electorado la idea que el pragmatismo gerencial, empresarial y técnico era preferible al debate ideológico. La década del 90 traía a cuestas más de medio siglo de hegemonía de lo ideológico dentro de la escena política. Ningún líder o partido político que deseara presentarse ante la ciudadanía y luego alcanzar el poder soslayaba el hecho de que había que ubicarse primero dentro del espectro ideológico-político, lo que implica diseñar un esquema de ideas, una base ideológica que fundamentara un posterior plan programático. Así fue como se constituyó el pensamiento conservador, el socialismo, el aprismo, de inicios y mediados del siglo XX, y el liberalismo de sesgo economicista de los años 90.

Al iniciar esta década, todas las tiendas políticas estaban enormemente desprestigiadas y con ellas sus fundamentos ideológicos y sobre todo el término "ideología" acuso un desgaste tal que era frecuente oír en quienes se iniciaban en política que su propuesta no era ideológica sino absolutamente técnica, es decir, lo ideológico se convirtió en sinónimo de ineficiencia, infructuosidad, inutilidad e inoperancia, en contraposición a la eficiencia, la practicidad y la diligencia de las nuevas mentalidades político-empresariales que sintieron el llamado de participar, sino directamente, de manera indirecta como soporte económico del candidato y luego presidente Alberto Fujimori, ya que este garantizaba la vuelta al orden y la maximización de la rentabilidad del empresariado nacional y del capital transnacional que encontró en el Perú un lugar propicio para invertir y obtener ganancias exorbitantes sin mayor resistencia social, pues el Estado había asegurado la contención de la reacción popular, paradójicamente, con medidas populistas y efectistas. Al desgaste de lo ideológico colaboraron los partidos políticos y sus líderes, la tradición autoritaria que periódicamente agitaba nuestra vida política y, en sumo grado, los movimientos subversivos, como Sendero Luminoso y el MRTA, los cuales imprimieron al término un sentido totalmente nefasto por cuanto sirvió para fundamentar un accionar demencial. En este sentido, lo ideológico fue entendido entendido como una cualidad próxima al fanatismo, radicalismo, intransigencia y dogmatismo en momentos que se necesitaba una profunda reforma del Estado y de los fundamentos ideológicos que sustentaron a los partidos políticos durante muchas décadas.

Dentro de este panorama, lo esperable era asumir una postura no-ideológica, sino anti-ideológica para capitalizar la decepción de la ciudadanía frente a los partidos políticos y el temor frente al radicalismo de la subversión. Así lo entendió Fujimori, quien elevó el pragmatismo político a altos niveles de aceptación popular. Ser un sujeto apolítico significaba no integrar partido político alguno, no poseer un pasado en política, pero sí ciertos logros obtenidos en la gestión pública o privada. Fujimori era un modesto profesor universitario cuya mayor experiencia en la gestión pública era haber sido rector de la Universidad Agraria La Molina y presidente de la Asamblea Nacional de Rectores. "A la universidad se va a estudiar y no a hacer política" es una afirmación que merece ser analizada en profundidad, ya que la aceptación y difusión de su validez tiene consonancia con la actitud de la población frente al debate ideológico: es mejor actuar que hablar; toda discusión es inútil, mucho más la persuasión o el intercambio de opiniones; no todos son interlocutores válidos, hay quienes merecen y quienes no participar en un debate; el disenso, la diferencia, la inconformidad son subversivas, hay que combatirlas.

Hablar poco y dejar que las obras hablen por sí mismas tenía relación con una muy escasa disposición al debate de ideas, a la disposición de recibir cuestionamientos o dar explicaciones. Las mentalidades pragmáticas, operativistas o funcionales no se ven en la necesidad de dar explicaciones, pues asumen que la conducta se evalúa en términos binarios (éxito/fracaso, costo/beneficio, acierto/error) y sin matices. El resultado y su utilidad será el único criterio al que recurran para evaluar su accionar. El fujimorismo, conciente o inconcientemente, instituyó una nueva forma de hacer política con las masas, de manera que recogió las expectativas de la clase alta, media y marginal. Ese fue, a diferencia de otros partidos, el éxito del fujimorismo: su tranversalidad sociopolítica.

Dicho estilo de hacer política sobre la base del éxito gerencial y la actitud práctica viene siendo revitalizado, en primer lugar, por Luis Castañeda, quien luego de ser Gerente General del IPSS (hoy ESSALUD), catorce años después del final de su gestión, sigue cosechando réditos electorales. El balance de su gestión municipal al frente de la alcaldía de Lima le es bastante favorable. Los destapes de malversación de fondos en los casos Comunicore y Metropolitano, por mencionar algunos, no han mellado gravemente su imagen ante la opinión pública.

En segundo lugar, tenemos a César Acuña, flamante alcalde reelecto de Trujillo. Su historia personal es digna de aquellos libros de autoayuda o motivación para empresarios y emprendedores ansiosos por encontrar la receta mágica para lograr el éxito. Proveniente de una numerosa familia dedicada a la agricultura, Acuña superó la adversidad y logró convertirse en un próspero empresario educativo que, además, obtuvo el reconocimiento de su comunidad a tal punto que rompió la hegemonía del APRA en su propio bastión. Es dueño de la corporación universitaria más grande del país, de un canal de televisión, de un equipo de fútbol profesional y un gran impulsador de actividades sociales en su región.

Por último, tenemos a Nano Guerra García, quien posee una amplia trayectoria vinculada a la pequeña y mediana empresa, a la cual se suele denominador como el sector emprendedor, es decir, de aquellos empresarios que de manera autónoma generaron crecimiento y riqueza, y que conformaron un amplio sector empresarial que ha venido adquiriendo gran protagonismo, a pesar de la competencia desleal y del trato desigual que reciben del Estado, que prefiere beneficiar la gran inversión extranjera y que aún no se atreve a realizar profundas reformas tributarias y administrativas que permitan acelerar el crecimiento de este sector. Es por ahora el precandidato de Fuerza Social a la presidencia de la República. El carisma y la empatía están de su parte; haber sido director de El Peruano en los momentos en que la matanza de Barrios Altos y el autogolpe del 5 abril exigían adoptar una postura frontal contra el fujimorismo le viene acarreando duras críticas.

Los tres tienen una idea clara acerca de cómo debe ser la gestión y administración de una organización: operatividad, funcionalidad, resultados, inmediatez, eficiencia, etc. La prescindencia de un marco ideológico le permite al empresario-político una flexibilidad en el campo de las ideas que lo deja libre para recomponer su proyecto político e incorporarse o integrar alianzas estratégicas con quien se necesite, pues las barreras ideológicas no representan para aquel ninguna dificultad, porque, sencillamente, no la necesitan. Ese fue y sigue siendo el éxito, o el know how en lenguaje empresarial, del fujimorismo: la ausencia absoluta de una definición ideológica que lo ubique explícitamente dentro del espectro ideológico-político. El empresario-político no está en la derecha ni en el centro ni en la izquierda, está en todos lados o podría estarlo si las circunstancias así lo exigen.

La actitud de la ciudadanía ante lo ideológico no ha cambiado en gran medida, más bien se ha acentuado su desconfianza frente a las plataformas evidentemente ideológicas. En cambio, la practicidad ha ganado más prestigio. Ello puede explicar, de alguna manera, por la notable recuperación económica que ha experimentado la clase media, cuyo mayor componente está conformado por un sector emergente que ha visto en la acción una mejor vía resolver sus problemas. Ante esta situación, los partidos políticos tienen el deber de recoger las inquietudes de una ciudadanía cuyas expectativas de bienestar económico son ahora mayores, pero, que, lamentablemente, posee algunas demandas muy débiles en materia de corrupción, derechos humanos y participación activa en la vida política. Los emprendedores saben muy bien qué desea el ciudadano de a pie, pueden brindar su testimonio personal para sintonizar con sus preferencias, pero mi gran pregunta es si tienen en su agenda política fortalecer la institucionalidad democrática mediante la desmantelación del aparato fujimontesinista, la ejecución de las recomendaciones de la CVR, la lucha frontal contra la corrupción de funcionarios, además de temas concretos como medio ambiente y cambio climático, apertura para el diálogo con movimientos regionales y prevención y manejo adecuado de las protestas sociales.

Si los emprendedores apelan a un razonamiento del tipo costo-beneficio, avisoro un futuro económicamente próspero, pero políticamente nefasto para el afianzamiento de la transición democrática, proceso que el gobierno de Alan García no ha tenido la voluntad de impulsar.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Ninguno de ellos es un buen candidato a Presidente. CAda uno es ´peor que el otro, o como el caso de Guerra, le falta mucha experiencia para ser presidente.

Melissa

Arturo Caballero dijo...

Hola Melisa. Ese es un tema que merece debatirse: si el exito empresarial es garantía suficiente para gobernar un país. Ese será el principal argumento de estos candidatos. Yo pienso que no lo es y que al contrario su permeabilidad ideologica los puede hacer presa facil de cualquier autoritarismo sobre todo cuando el gran sector empresarial no quiera dar paso a reformas laborales que son urgentes y recurran al Estado para aplicar mano dura o sofocar protestas.

negrito dijo...

Estimado Arturo

Muy interesante tu post te felicito. Creo que el pragmatismo que se vio desde los noventas no solo una tendencia local es mas creo que viene de todo el mundo. Incluso por esa época se publico “el fin de la Historia” de fukuyama que si mal no recuerdo (es que lo vi en la U hace ya un millón de años ejejeje), en el que sobre el término de las luchas ideológicas. En parte tiene razón desde tiempo atrás la izquierda dejo de serlo y cambio también todas las tendencias socialistas dejaron un poco su colectivismo y se volvieron mas respetuosas de las libertades individuales (aunque este en las antípodas de su pensamiento). Creo que desde entonces la sociedad vio las ideologías desvanecerse y entrar todas las ideas políticas y tendencias cerca de un liberalismo democrático. Por eso la gente ya no ve gran diferencia y se preocupa mas en lo pragmático (claro con la excepción que la mayoría veta a los radicales, me incluyo) que en las ideologías.

Saludos
Jorge

negrito dijo...

Creo que mi comentario tiene errores increíbles disculpa mi lap esta lenta y no puedo visualizar lo que escribo. Espero que se entienda algo

aldo dijo...

oscar arias, ex presidente de costa rica, pronuncio un hermoso discurso en el cual dijo de forma tajante que america latina debia de dejar a un lado los debates ideologicos sobre el capitalismo y el comunismo y adoptar el pragmatismo que deng xioapin forjo en china que tan buenos resultados esta dando hoy en dia. debemos consolidar nuestra economia y asi derroar a la pobreza que es la gran meta peruana en los prox. años. el resto vendra solo. economia de mercado, inversion y propiedad privada son nuestra soluciones frente al hambre, la miseria y la pobreza.

las discusiones banales de politologos, sociologos, filosofos y social confusos sobre obsruyen el camino a la prosperidad llenando de baches sin sentido y abstracciones academicas el rumbo hacia la modernizacion y el desarrollo.

Arturo Caballero dijo...

Hola Jorge, estoy seguro de haber comentado tu intervención hace dìas pero no se algo paso que no esta. bueno, te decia que era un gusto saber que visitas nuevamente este blog. Lo que mencionas sobre Fukuyama es cierto. La gran euforia por el triunfo absoluto de la democracia liberal sobre el socialismo condujo a varios intelectuales a sobredimensionar ese acontecimiento. Cuando se declaró el fin de la historia y se declaro al capitalismo como el último horizonte economico politico social y cultural no se percataron de lo que Huntington ya advertìa en Choque de civilizaciones: las futuras guerras van a ser culturales, religiosas e ideològicas en el sentido de la defensa de un paradigma totalitario. Por ello la ausencia de debate es muy peligrosa y mucho mas lo es presentarse como no ideologico o antiideologico, pues ello demostraria que tal individuo no siente el llamado a discutir ni a dialogar lo que en consecuencia demuestra una ausencia de valores democráticos.

Saludos

Arturo Caballero dijo...
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Arturo Caballero dijo...

Aldo, Arias ha demostrado en muchas oportunidades ser un democrata ejemplar. Contra ello no tengo ninguna objeción. Mi discrepancia consiste en presentar como opuestos inconciliable el debate ideológico y la acción práctica. Casi siempre estas oposiciones son engañosas, pero creer que las acciones por sí mismas justifican o sostienen un pensamiento político significa que serán cada vez mas solo los hechos y no los sujetos los que dialoguen. Alguien que crea que no debe dar explicaciones o dialogar, discutir, intercambiar ideas, polemizar, etc. es alguien para quien la democracia es una práctica excluyente y limitada solo a aquellos con quien merezca o considere que valga la pena dialogar. Ello no es una plena democracia.

Marco distancia de la China maoísta y postmao. Sigue siendo tan autoritaria como antes, con una gran limitación de libertades políticas, a pesar de notable crecimiento económico sectorizado en algunas ciudades, pues el interior está desolado. Ha aparecido una capa media en las zonas industriales, pero el interior està empobrecido. China está depredando el medio ambiente de manera preocupante. Ese es el desarrollo capitalista con el que estás de acuerdo? Por lo anterior, el caso chino no es el mejor ejemplo de lo que es el capitalismo contemporáneo.

No es lo mismo crecimiento que desarrollo. Un país puede tener altos indices de crecimiento pero grandes desigualdades. Y ello ha sucedido con la aplicación del modelo neoliberal en América Latina, el cual no fue aplicado tal cual como sucedió en Europa. Aqui nos allanamos totalmente.

Por último, considero que el mercado no es razón suficiente para generar el bienestar de una sociedad. Someterse sin reparos al mercado puede traer mayor exclusión y desigualdad. Las libertades económicas por sí solas no acarrean libertades polìticas. Un verdadero liberalismo, tal cual lo configuro Adam Smith, busca el equilibrio entre ambos y no el sometimiento de la libertad individual a los designios de las corporaciones transnacionales.

Esa es para mí, la esencia del liberalismo clásico.

Arturo Caballero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arturo Caballero dijo...

hay discusiones infructuosas que se regodean en la sapiencia o en el dominio de una jerga especializada que pretende dar la imagen de intelectualidad o dominio de una materia. Contra ello me rebelo y manifiesto mi desacuerdo. La teoría y la crítica deben privilegiar la claridad para fomentar el diálogo y no la exclusiòn del ciudadano interesado en saber. Ello sì me parece detestable e indeseable en un polìtico o en alguien con aspiraciones polìticas. Pero ello no significa, de ninguna manera, que el debate en sì mismo sea infructuoso.

aldo dijo...

considero que la izquierda peruana debe modernizarse de una vez por todas y dejar las discusiones vanales sobre el capitalismo vs. el comunismo. creo que en gran parte del mundo tanto las derechas como las izquierdas han consensuado en cuanto a las politicas economicas de apertura al mercado, a dejarlo interactuar, que los precios se regulen por la oferta y demanda y que el estado solo tenga posicion fiscalizadora sobria y no sofocante. lo unico que debe distanciar a la izquierda y derecha, como pasa en todo el mundo civilizado y moderno, es que la derecha es mas retsrictiva en gastos publicos, mas la izquierda es dadivosa y gastadora en programas sociales que mejoren la educacion, seguridad y salud (unicos ambitos en los que el estado debe tener presencia perenne y activa).

creo que ya es hora de enterrar el discurso marxista y de la izquierda vieja bajo los escombros del muro de berlin y mirar hacia el futuro. confiar en el mercado, en la empresa, en un estado fiscalizador que no atosige al mercado con decretos populacheros.

Arturo Caballero dijo...

la izquierda en Europa hace tiempo que ha asumido principios liberales sobre todo en lo político y con cierta reticencia en lo económico. Cierta derecha insiste en que solo el mercado generarà progreso y que las desigualdades sociales son inevitables, ademas de intolerancia frente a la diversidad cultural. Si bien existen puntos de consenso entre izquierda y derecha lo que siempre las va a diferenciar es su actitud ante la igualdad. Para la izquierda las desigualdades no son naturales e irremediables sino producto de condiciones que se pueden mejorar y asi reducir la desigualdad. Para la derecha la igualdad es subversiva, indeseable, peligrosa, esta preferiría que subsistan desigualdades para mantener privilegios.

aldo dijo...

la derecha privilegia la libertad; la izquierda, la igualda. esa es una clara conclusion. pero como decia milton friedman quien hace predominar la igualdad, restringe la libertad, pero quien hace predominar la libertad obtiene ambas en razonables proporciones. una gran verdad.

las desigualdades sociales son inevitables. usted no es igual a mi. yo no soy igual a usted. la igualdad que yo creo debe haber es que todos tengan acceso a la educacion, la salud y el trabajo. no se trata que todos partamos de la linea al mismo tiempo o que todos lleguemos al mismo tiempo o que lleguemos. sino que partamos, nada mas.

Arturo Caballero dijo...

libertad e igualdad son principios que resultan difìciles de conciliar. Tambien sobre ello opinaba Isaiah Berlin. Sin embargo, alli se parte de una noción restrictiva de igualdad que tuvo, lamentablemente, mucho arraigo en el socialismo de inicios y mediados del siglo XX. No se debe ver la igualdad en términos de renuncia a aspiraciones legítimas o a la negación de la diferencia. Me refiero a la igualdad en tanto seres humanos poseedores y beneficiarios de derechos que son inalienables.

Si un Estado considera que hay un sector de la ciudadanía al que no se le deben reconocer sus derechos, estamos atentando contra la igualdad. Y ojo, cuando me refiero a desigualdad, insisto, no confundirla con diferencia. Todos somos diferentes y ello es innegable, pero hay desigualdades que se deben combatir para reducirlas. Coincido tb con tu noción de igualdad como un acceso equitativo y no discriminatorio a los bienes y servicios que un EStado debe asegurar a su ciudadanía.

negrito dijo...

Estimados

¿Como un socialista puede ser liberal? He estado estudiando (para que vena que si lo hago) debido a los comentarios vertidos y esto se remonta hace mucho desde Aristoteles y Platon( creo ). El individualismo, donde el fin supremo es el bienestar de uno mismo y el colectivismo donde por el contrario el fin máximo es el bienestar de la sociedad. Siempre uno prima y el otro se subordina. Si uno piensa el las libertades individuales pues a mi parecer es un liberal y si piensa en colectivo pues un social. No creo de verdad que haya una mezcla, esta aunque ahora muchos dicen que son de esta tendencia. En realidad me parece un absurdo porque no prima ninguno de los principios.
En mi opinión o se es socialista o un liberal. Apenas se piensa en por ejemplo estado de bienestar, u otras cosas (de carácter social) se suprimen la libertad individual. No se puede querer ni siquiera la igualdad por que resulta una imposición hacia una persona. Si ah alguien se le impide ganar o se lo obliga a dar su dinero o bienes entonces se corta sus libertades pues no las ha dado voluntariamente.

Saludos Arturo y a todos

Felices fiestas