viernes, septiembre 10, 2010

Supa de letras

A poco más de un año de la publicación de la vergonzosa editorial de Aldo Mariátegui sobre la congresista Hilaria Supa, hay algunas reflexiones de corte social y lingüístico que deberíamos tomar en cuenta. Las lenguas siempre cambian. En la actualidad, muchos hablantes modifican algunas palabras o frases para que el mensaje que llega al receptor sea más rápido y efectivo. Sin embargo, cuando una persona quiere postular para un cargo público en el Estado, se suele considerar que debería dominar la variedad académica del castellano, ya que ello demostraría, supuestamente, la competencia intelectual y laboral del aspirante un funcionario público.

Las lenguas existen no solo como medio de comunicación sino como una forma de interactuar con la realidad. Es decir, la lengua es, además, un medio para construir nuestra relación con el mundo, para simbolizarlo, organizarlo y darle un sentido particular. Censurar una lengua o la variedad de una lengua es mucho más que limitar el habla o la escritura, se trata de un bloqueo contra una forma de vivir la cultura. Los hablantes son los propietarios de las lenguas, no lo es la Real Academia de la Lengua Española ni el más sesudo lingüista ni el profesor de lengua poseedor del último manual de la academia. Los hablantes aprovechan las lenguas de la mejor manera posible para hacerse entender; y las modifican si es necesario. Esto permite que las lenguas evolucionen. Pero no se entienda aquí evolución como mejoría o tránsito hacia una situación superior, sino como simple cambio. Las variedades lingüísticas son producto de las innovaciones realizadas por hablantes en situaciones concretas de comunicación. El uso de estas variedades es normal y no significa, en lo absoluto, que las personas que recurrean a elllas sean , de alguna manera, incompetentes en lo laboral o intelectual. Pensar de esta manera es una actitud no solo conservadora sino también discriminatoria que va en contra de lo que significa la relación entre lengua, cultura y realidad.

El hecho que un ciudadano legítimamente elegido para la representación congresal no domine la variedad estándar de una lengua no compromete su competencia intelectual en asuntos que posiblemente a diario afronta con éxito. Si la variedad estándar o académica es prestigiosa socialmente no lo es por cuestiones intrínsecas, sino porque dentro la sociedad letrada existe un complejo aparato que a nivel institucional ha posicionado esta variedad como la más importante. Desde la escuela, se nos enseña perversamente que el curso de lengua consiste en solo analizar oraciones o en determinar la corrección de una expresión oral o escrita, pero totalmente descontextualizada. Esta tendencia pervive aún en la enseñanza superior, salvo en muy escasas excepciones. No se visualizan las relaciones que la lengua mantiene con la cultura y las prácticas sociales. Por ello, considero que quienes tienen a su cargo la materia de lenguaje o comunicación son, en algún grado, corresponsables de la discriminación lingüística en la medida que sostengan una actitud purista frente al cambio lingüístico.

El caso Supa-Mariátegui fue un ejemplo de cómo la discriminación lingüística se traduce en discriminación sociocultural en nuestro país, lo cual es resultado de la desigualdad que arrastramos desde la Colonia, la que, a su vez, ha sido interiorizada y hasta hoy difícilmente superada. El uso del castellano o la exigencia de su variedad estándar no puede ser un criterio para evaluar la competencia laboral o intelectual de un individuo. Si fuera así, estaríamos avalando la discriminación lingüística y sus implicancias en otros ámbitos como en lo sociocultural. Ello atentaría contra una porción significativa de hablantes dentro de un país caracterizado por ser multilingüe y multicultural. En consecuencia, se produciría una división social entre los que sí pueden y aquellos que no pueden ejercer la representación política simplemente porque no hablan castellano o porque no dominan su variedad formal. Los que sí pueden tendrán exclusivamente como lengua materna el castellano y, por ende, se vería restringida la representación política de las comunidades indígenas, lo que cuestionaría aún más nuestra precaria cultura democrática.

Lo que debería ser tomado muy en cuenta además de los méritos académicos que, por supuesto, son deseables, es el conocimiento que el congresista posee acerca de la realidad de los ciudadanos a los que representa, sobre todo si estos se hallan en un estado de abandono material y en desigualdad de oportunidades frente al resto del país. En ese caso, el conocimiento vivencial aunado al dominio de su idioma sí es determinante para ejercer la representación congresal. Visto de este modo, Hilaria Supa no es ninguna ignorante o inculta: es una mujer cultivada en su propia lengua y que ha testimoniado conocer qué dificultades enfrentan sus representados. Asimismo, el hecho de calificar a alguien como inculto es propio de una mentalidad decimonónica o colonial por decirlo menos. No existen sujetos sin cultura porque la cultura es más que un grado de instrucción o un cúmulo de conocimiento. La ignorancia se manifiesta en aquellos que consideran que nuestra sociedad debe ser unilingüe y monocultural.

Si alguna responsabilidad tenemos los que estamos involcrados con la enseñanza del lenguaje, adicional al logro de competencias, es combatir estos prejuicios tan arraigados en la ciudadanía. Los estudiantes deben enterarse que el curso de Lenguaje no tiene como objetivo solamente analizar oraciones, colocar tildes, puntos y comas, sino, especialmente, y entre otros, reconocer nuestra diversidad como sociedad y como individuos.

5 comentarios:

aldo dijo...

ustedes, los caviares, ven cosas donde nadie más las ve. hilaria supa está descalificada para ocupar la curul congresal y la presidencia de la comisión de educación, no por su raza, no porque no sepa escribir, no porque no domine correctamente el español, está descalificada porque no tiene preparación, no es una mujer profesional, culta, técnica y ducha en la materia, que aporte ideas novedosas y viables. ya es hora de que los políticos sean personas honorables e inteligentes. decentes, honrados, pero a la vez profesionales de éxito, gente capaz, que haya investigado y estudiado la problemática. qué bueno sería tener personas de la talla de tratenberg en ese lugar. hildebrandt tampoco ha hecho gran cosa, tal vez su edad la esten afectando.

Letras del Sur dijo...

correcto, yo también apoyo la meritocracia y rechazo el argumento de la orfandad educativa,una vida sufrida u otros similares como razon exclusiva para darle trabajo a alguien. Pero OJO que el argumento de Aldo Mariategui era que como ella no dominaba la variedad formal del castellano no estaba capacitada para ejercer un cargo como representante de su comunidad ante el congreso:ello es una barbaridad.

Lo otro es que los méritos académicos debemos contextualizarlos también:en un país como el nuestro donde existen grandes desigualdades sociales y economicas, juzgar a todos bajo el mismo criterio sería injusto. Si para ejercer el cargo de congresista fuera indispensable poseer grados académicos y conocimientos especializados muchos pueblos se quedarían sin representantes y ello sería antidemocrático por excluyente y discriminador.

La búsqueda de la excelencia académica para un funcionario público es deseable, claro!!pero ello no debe servir para justificar una sutil discriminacion.

finalmente, Supa como miles de mujeres en diversas zonas del país no poseen estudios porque no hayan querido, por necias, o porque hayan disfrutado de sus carencias. No olvidemos que existen condiciones estructurales de desigualdad que los sucesivos gobiernos no han resuelto sino agudizado. Entonces, el Estado tb es corresponsable por no satisfacer necesidades basicas como una educación de calidad.

Rene Noguera dijo...

la democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales. si nuestro pa{is es tan "democrático" como se dice, debería existir una representante por cada comunidad en nuestro pa{is, incluyendo a representantes que no dominan el castellano, pues no se puede solucionar los problemas sin saber qué sucede denro de cada comunidad. el dominio de un idioma en comun (castellano) no deberia ser un problema, debido a que se podría tomar medidas y colocar un traductor que resuelva este inconveniente y haga llegar la opinión de los representantes de cada zona y no los excluya de forma discriminatoria, por su lengua

Rene Noguera dijo...
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Anónimo dijo...

el lenguaje es una capacidad innata que cada ser humano posee y que le permite poder comunicarse con otras personas. Es por esto que el hecho de que una persona sepa o no un idioma o que sepa dos o más no hace a un individuo mejor o peor ni con mayor capacidad para ejercer algun cargo u otro, pues lo que se debe valorar es la capacidad intelectual que cada persona posee y una capacidad que cualquiera puede desarrollar.