sábado, abril 25, 2009

El ciudadano fujimorista

Arturo Caballero Medina

El los últimos días, Gonzalo Gamio y Carlos Meléndez sostuvieron un debate acerca de la ciudadanía fujimorista, debate no pactado y al que el blogger de Bosquejos Postliberales fue introducido in media res, ya que Meléndez, a mi parecer, interpretó antojadizamente un fragmento del post de Gamio en el cual este señala que la ciudadanía debe prepararse ante la conformación de un nuevo escenario político post sentencia a Fujimori en un contexto donde los fujimoristas sacarán a relucir sus mejores y peores recursos.

Ha sido siempre un hábito de Carlos Meléndez no mantener el debate en el campo de las ideas, sino arremeter con mala voluntad repartiendo calificativos sobre su eventual interlocutor. Me parece que es un investigador lo suficientemente documentado y que posee los méritos académicos como para sostener un debate alturado en el que los argumentos fluyan y los lectores se enriquezcan e intervengan defendiendo sus posturas. Por esta razón no entiendo por qué persiste en indisponer con frases que nada se avienen con el debate del momento, lo cual resta contundencia a su postura. Cierta vez, le sugerí que decidiera entre el análisis serio y las bromas. Ganas lectores en un blog no es difícil si aplicamos la doctrina Ferrando-Magaly: "esto es lo que le gusta a la gente". En lo que a mí se refiere, opto por la responsabilidad y la claridad en la exposición de las ideas.

Los bloggers debemos dar el ejemplo de moderación no solo al momento de filtrar los comentarios, sino al momento de debatir. No siempre recibiremos halagos de los comentaristas, pero si establecemos bien las reglas de juego, los visitantes insolentes se eliminarán por selección natural. Particularmente, soy partidario de seleccionar los comentarios en función de su pertinencia con el post, pero hay veces en que la polémica se torna animada y el tema da un giro radical para abordar otros asuntos. Finalizado este breve comentario, paso a exponer mis ideas al respecto de la ciudadanía y de la razón fujimoristas.

Cada sujeto tiene su propia escala de valores y los fujimoristas, me atrevo a generalizar, suelen ser pragmáticos. El gran discurso que el fujimorismo instaló en el Perú es el de la eficacia, la acción, los resultados. No importa cómo conseguirlos: el impacto generará por sí solo los réditos que el movimiento necesita capitalizar. "A la universidad se va a estudiar, no a hacer política"; "cualquier privado puede invertir en educación: enseñemos aquello que sirva"; "si los transportistas hacen huelga, liberalicemos el transporte"; "si los maestros hacen huelga, que dicten los profesionales de especialidad"; "si los medios de comunicacion no son propicios, comprémoslos".

El problema con el pragmatismo exacerbado es que el individuo no cuestiona los medios que utiliza para lograr los fines. Solo cuestionará su proceder en función de los resultados. Por ello es que el fujimorista promedio se fija solo en los resultados empíricos: descenso de la inflación y repliegue del terrorismo, captura de Guzman, Feliciano, paz con el Ecuador, etc., pero no reflexionan sobre las cuestiones éticas que atañen a cualquier individuo que se precie de su humanidad: condolerse con el dolor ajeno. No obstante, este no es un problema generado por el fujimorismo, sino presente en nuestra sociedad hace mucho tiempo. Lo que el fujimorismo ha hecho es fortalecerlo patológicamente.

Los fujimoristas no actúan de esta manera porque sean malas personas o mentes perversas, necesariamente, (no todos son Carlos Raffo, Martha Chávez o Carmen Lozada) sino que el fujimorismo ha tocado una fibra muy sensible del ser humano que puede ser resumida en: "no te metas si no es tu problema, más bien aprovecha a ver si te ganas algo". Indiferencia a la enésima potencia, algo que ya teníamos en nuestra sociedad, pero que el fujimorismo, a mi parecer, repotenció de manera mórbida como lo señalé antes.

Durante el fujimorato, nos dimos cuenta que muchos políticos, periodistas e intelectuales tenían un precio y hoy lo estamos corroborando solo que ya no los compran si no que ellos mismos se venden. La condición de ciudadano no nos la quita nadie, así como la condición de ser humano. Pero ostentar tal condición no garantiza que todas nuestras acciones sean virtuosas. Y cuando esto sucede no dejamos de ser ciudadanos o seres humanos, sino que no nos comportamos a la altura de las circunstancias. Es como un padre de familia que recurre al maltrato físico para corregir la inconducta de sus hijos: nunca dejará de ser su padre, pero con su accionar denigra su condición paternal.

De lo anterior se sigue que aquellos que protestan contra la sentencia a Fujimori argumentando que se sentenció a alguien que hizo mucho por el Perú, ya sea por desconocimiento, oportunismo u otro motivo, no dejan de ser ciudadanos, pero exhiben tal indiferencia por el otro que indigna, lo cual al menos es más sano que la neutralidad cómplice.

Los principios deberían regir la conducta de un ser humano, es lo deseable. Que alguien no se conduela por el dolor ajeno siendo tan evidente lo sucedido (me refiero al padecimiento de los familiares de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos) o al escarnio al que Aldo Mariátegui expuso a la congresista Hilaria Supa, demuestra que semejante individuo pisotea su propia condición de ser humano. Espero que en el futuro, Carlos Meléndez tome distancia de la línea editorial de Correo y del estilo de su director y de Andrés Bedoya porque parece que las páginas impresas y la cantidad de lectores lo seducen mucho.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo en el caso del artìculo de Gamio, se quiso invadilar la tesis a partir de una discusiòn sobre la marginaciòn hacia el ciudadano que estè a favor de Fujimori, cuando la referencia estaba clarìsima de acuerdo al contexto y a los pàrrafos anteriores, que se referìa a los ciudadanos que creen que Fujimori es culpable. NO se determinò o calificò a los fujimoristas como "no ciudadanos", la interpretaciòn de una palabra o frase depende de otras y su contexto semàntico completa una unidad dentro del propio discurso. Analizar una frase sin el contexto no guarda ninguna base para criticar, y menor para descalificar.

SAludos
Heinrich Arafat

Jorobado dijo...

Gracias por tus comentarios y consejos, Arturo. Solo para aclarar que yo no propuse ningun debate con Gamio, sino que mencioné su postura como un ejemplo dentro de mi argumentación.

Y por favor, no me compares con Andrés Bedoya, te maleas. Y con Aldo M. tengo varias discrepancias como para considerarme estar "en su línea".

Saludos

Letras del Sur dijo...

Hola Carlos. correcto, el debate se generó posteriormente a raíz de tu post y la referencia de Gonzalo a la ciudadanía fujimorista, pero lo cierto es que indirectamente ambos debatían polemizando con sus respectivos comentaristas. Aclaración atendible.

Estoy seguro en que no comulgas con Bedoya ni que compartes sus métodos. Pero por momentos desconciertas man! Aldo te cita constamente para reforzar su postura porque no tiene la capacidad de hacerlo solo. Leí el post en el que describes sucintamente tu trayectoria y me parece mostro, pero se te han colgado comentaristas cuyas opiniones opacan tu postura que me parece es progresista.

Puedo concordar contigo, haciendo un intento inferencial, en que existe un sector frívolo en los estudios politologicos en el Peru y tambien dentro de la izquierda a quienes se les llama caviares.

Pero tambien existe gente valiosa que es injustamente agraviada en La Razon, Correo y Expreso.

En algun momento, creo, vas a tener que pronunciarte al respecto.

Un cordial saludo,

Arturo

Gonzalo Gamio dijo...

Estimado Arturo:

Gracias por el post. Está claro que Carlos M. distorsiona gravemente mi pensamiento sobre la ciudadanía. Insisto en que una lectura atenta y mayor rigor lógico serán importantes para evitar confusiones grandes como ésta. Mi posición va por otro lado.

Será interesante seguir conversando sobre la noción de ciudadanía al margen de quiénes sean los interlocutores.Curiosamente, quienes por lo general escriben sobre ciudadanía no se detienen a definirla.

Yo también creo que Carlos M. tendrá en algún momento que deslindar con Aldo M., dado que se utiliza muy a menudo sus textos para validar las posiciones de "Correo". Será saludable.

Saludos,
Gonzalo.

Uriel dijo...

Yo creo que se debería definir una nueva falacia: "falacia gramatical". Que podría señalar como aquélla falacia utilizada para denigrar a una persona, por no sabe escribir o manejar las reglas ortográficas.

Casi todos caemos en dicha falacia.

Atte

Letras del Sur dijo...

Cierto Uriel. Detras de esa hipercorrección pueden esconderse propósitos nefastos como lo hemos apreciado en esta ultima semana.